4/4/16

Océano (XVIII): La Mortaja.

Empiezan en lo que creo es la madrugada.
Es muy complejo el seguir el computo natural que vigila el sueño aquí abajo.
También es cierto que en las jornadas post advenimiento no me es fácil tomar la medida al paso del tiempo y a veces pocos minutos son una eternidad y a veces es totalmente al revés.

Duermo mucho, normal me han dicho, y sueño mucho también y la separación con la vigilia mezcla una alucinación que parece constante pues no ofrece los detalles suficientes para separar la diferencia.
La percepción no se enfría al dormir y soñar y su vivacidad es la misma o mayor cuando cierro los ojos.
Lo que es un tormento por que los sueños son los que son: Remembranzas sin filtro de lo que he hecho.
Me dicen que se asentara. Que habrá un momento en el que los distinguiré. Los escucho decírmelo y lo que se añade sin decirlo es que la situación y lo que en ella ocurre no es nada nuevo.

Sin embargo de una mínima manera hay alguna diferencia que les descoloca y manifiesta su perturbación.

Únicamente Auristrata me trata sin cambio en sus maneras y emociones. Ella es la única que me ha hablado desde que oficializo la fecha de la ceremonia fúnebre. Intuyo que no es solo por carácter y experiencia.

Han pasado trece jornadas desde que regrese oficialmente en cuerpo y mente y sin embargo, el corazón de estas personas y también el mio, no es este mi ser completo.

Hay un reflejo de la persona que sigue moviéndose, comiendo, vaciándose o descansando pero con el deslizamiento en el espíritu de los actos de un fantasma y certeza de una transición inacabada.
Inacabada por la falta de una ultima decisión, acontecimiento o paso.

La gente aquí lo nota y es seguro como un picor en la nuca que lo saben.

Tampoco es que haya coincidido con muchos otros seres humanos. En cuanto me sacaron de la crisálida embutiéndome el ultimo trago de la Ambrosía en el cuerpo en cantidad suficiente como para ver si la supuraría por los poros, me trajeron a esta casa, que he descubierto es lugar común para todos los Curetes, y de Auristrata y, sin que lo esperara, de Metis.

Es una casa modesta y sobria, investida del carácter afable de un hogar tan iluminado al servicio como un convento. Mi cuarto hasta el día de hoy es como todos los demás es gratificantemente poco ostentoso.

Sin embargo hoy, después de siete largos días de lucha física y dialéctica entre fieles y reaccionarios, ha llegado la ocasión para el recogimiento y los velatorios.

Trece han sido las victimas de este conflicto, si no contamos a la sociedad entera de los Titanides y, a la naturaleza propia del Arbo que son y los mantiene.

Trece desaparecidos de la vida por los azares, los actos impíos y las elecciones. Once son Titanides. También esta Myla. Por ultimo Gabrielle.

Cuando, con un hilo firme de voz, Pontos fue desgranando el concepto y la confusa barrera que en este instante se presenta entre, la seguridad de la tradición y la incertidumbre de lo no vivido nunca antes, no pude mas que asentir ante la idea. En realidad es muy simple. Una vez muerto en el Caos y resarcido en el Árbol, eres la dádiva del Fruto de Nombre Sagrado.
Así nacían los Titanides y algunos se reencontraban con el proceso al regresar, de sus sucesivos fallecimientos, bañados en la Ambrosía de la savia del Genealogalos.

Pero no es tan fácil. La muerte no se conforma. La siento. Abstrusa como si faltara masa, fuerza o consistencia. Con carne y sangre y pensamiento pero no real, sin la base que te afirma y te deja auparte.
Han pasado doce días desde que Betriz suplicara mi retorno y apareciera con el manto de Rea sujetando literalmente cabellos, sesos, y vísceras. Apenas trece desde que descendiéramos a los palacios de Océano. Una bocanada de tiempo de existencia apenas abierto en el que no me recibo. No del todo. Casi de nada.

No me han hablado en este tiempo y lo he agradecido. Las palabras se aparecen, se expanden pero mi ceño se frunce incomodo. Silencio es paz y creo que lo es en ambas direcciones. Excepto por Auristrata.
Hoy sin embargo tampoco ella me dirige palabra.

Es la voluntaria de mi embalsamamiento y lo afronta con una seriedad solemne que se me contagia.
No esta sola. Mi Escolta al fúnebre destino es Metis Metis y sin que me lo esperara aun que me conmueve Enipeo Océano.

Los dos flanquean la habitación de los preparativos bien pertrechados y armados.

Metis no me quita el ojo de encima vistiendo cintas oscuras en su cabello que anudan sus mechones como hatos de siega. Tramas de enebro le forman una quebrada corona. Sus parpados son negras manchas de pintura opaca que se escapa hacia alrededor de los ojos. Una gruesa linea azul cobalto oscuro delinea su nariz del nacimiento a la punta y el mismo color traza la carrera inerte de las lagrimas como dos tajos simétricos a través de las mejillas. Solo los labios parecen incólumes al artificio aunque lucen muy pálidos y tristes.

Su compañero de lanza no parece tan sofisticado envuelto en su cabello apelmazado por el agua y la arena y simples lineas triples de olas verticales vertiéndose a ambos lados de las cara. Sin embargo fascina el tallo exquisito de la retama que adorna su antebrazo amarrado al astil de su arma. Madera negra para los dos con profundas puntas de hierro oscuro y renegridas espadas sin vaina ni reflejos.

Los dos visten de riguroso negro en ropas y coraza y hasta calzado. Parecen bañados en ese color al igual que Auristrata oscuro excepto por el blanquecino resplandor en el iris de su mirada.

No ha dejado de mirarme así, en plenitud, desde que llegue a la casa.

Ella ha sido la que de buena mañana, me ha llevado de la mano hasta los baños y, tumbada sobre la fría piedra, me ha desvestido y lavado con agua perfumada, contorneando con cariño el trazo de las cicatrices. No ha permitido que pusiera un pulso de esfuerzo y al final ha sido la acción sobre la flacidez de un cuerpo muerto en el que yo me he sumergido.

Me ha fregado con aceite de oliva oloroso, los pies y las manos hasta las rodillas y los codos, y los ha untado de tinte negro y seco hasta que no me pudieran parecer mas oscuras.

Las palmas de mis manos son el problema por que el corte de la derecha se ha negado a cerrar donde otras heridas como la de la cabeza ya no están.

Lo cierto es que la contemplación del surcado sangrante de la palma me ha dado cierta serenidad pues, al contrario que el resto del cuerpo imaginado que habito. la mano herida me parece real. Pertenece a Ella.

Auristrata la contempla largo rato, con su rostro de nariz gruesa y larga y pómulos y los labios afilados, en profunda reflexion y de alguna manera se rinde a ella con veneración y unicamente la cubre con una venda de paño negro bien apretada. Para mi, el ropaje es blanco tan inmaculado que parece arder en luz.

Me hace pasar el peplo por la cabeza con cuidado y me lo anuda bien fijo a los brazos y el cuerpo, las mangas hasta la piel ennegrecida con lazos bien apretados. También lo ata a la parte superior del cuello.
Sobre la cabeza me coloca una guirnalda de papel y cuerda blancos, de la que cuelgan tiras extremadamente finas a modo de completo velo, que oscila al respirar.

Cuando termina derrama una pequeña porción de perfume oleoso, penetrante e intenso efluvio de campo marino que desciende sobre mi como una marea.

Flotando en su olor me siento inmersa en el agua que evoca.

El efecto parece satisfacer a mi cuidadora y guiña sus ojos y estos se apagan. Hasta la penumbra de su iris ciegos.

La pregunta que me estudia insistentemente y que durante todo este tiempo se entretiene otra vez en mis pensamientos se proclama. ¿Que estoy haciendo aquí si es que estoy aquí?

El sentimiento destilado de mi atuendo funerario. Es agradable y me encaja, como cuando recuerdo mi forma de vestir adaptándose a mi a lo largo del tiempo. Si mi propio parecer esta de acuerdo no sera mejor aceptarlo. ¿Dejar de respirar es lo correcto? ¿Es suicidio si ya estas muerta?
No es evidente pero si esta presente por que, aun con el tratamiento ausente han sido cuidadosos en alejar de mi las oportunidades: ningún filo, una cuerda o una ventana atrayente. Lo cierto es que son todos métodos muy burdos. Solo me basta decidir no respirar. El cuerpo no me reclamara mas aire. Esa es en verdad la respuesta.
Solo soy un reflejo de la inercia.

Entonces ¿Que estoy haciendo aqui?

Auristrata, se enviste de su único adorno con sentida ceremonia: un yelmo cerrado de fibra de papel muy oscuro casi metálico liberado unicamente para que se le vean los ojos, la nariz y la boca. Parece convencida de que es mejor que me concentre en otra cosa pues me sacude por los hombros.

- Esta lista - confirma a sus compañeros - El manto.

Metis extrae con cuidado un cuadrado de tela sedosa de intenso color negro. Le tiende una punta a Enipeo y ambos se pierden entre el follaje del velo a mi espalda. Sin embargo la totalidad de mi atención es recuperada por Auristrata al cogerme la manos entre las suyas y pronunciar sus primera palabras dirigidas a mi en todo el día.

- Nadie excepto lo divino te ha visto llegar y nadie excepto lo supremo te vera partir pero por siempre estarás con nosotros.

Como respondiendo a su letanía la oscuridad se me cierne cubriéndome la cabeza hasta caer a los pies la tela fría. Unicamente mis manos rebosan de quedar bajo el pináculo que forma el suave sudario.

Auristrata valora el peso de mis brazos como juzgando cual es el mas apropiado y al final escoge agarrarme por la mano izquierda con su derecha que alguno de los otros dos une con una tela.

Bajo el manto ni siquiera la penumbra me distrae por que el tejido pesa y se amolda al cuerpo como una segunda piel. Sin embargo no me crea ansiedad o reparo. Bajo esta oscuridad mis sentimientos refuerzan la calma. Hay imagines grises o imágenes con color y asiladas estas se muestran mas especiales. Durante un rato el espectro se adapta a la nueva percepción y se intercambia de los sentidos cotidianos a los que miran al interior y bullen las respuestas preguntándose si al final saldrán a la luz.
Enmarcan la simple pregunta de quien soy. Enunciada muchas veces. Contestada muchas veces. Creo que en falso. O equivocada.

Desde que desperté de nuevo de forma imposible es el regusto de la confusión ampliada  de lo que abarco.
Sí, respiro y siento que valor tienen los recuerdos que también han visto que muero.
Esta incongruencia es la grieta a la alegría por que suma la duda de que es real y la que por que es real.
Estos impulsos vagan por una mente inquieta que no se comprende a si misma en su existencia pero que no puede seguir sin saber por que existe. El seguir avanzando sin el por que es el peor de los caminos a escoger.

Es la verdad encerrada en este cuerpo bajo tinieblas. Las fúnebres exigencias de mis propias exequias.
Auristrata tira de mis incertidumbres tomándome del brazo que nos conecta.

Noto el vuelo del manto recogido a mi espalda en las dos puntas sostenidas con concisa coordinación.
El paso de mi guía me conduce hacia el siguiente lugar.

Las honras suelen celebrarse en la propia casa pero no tengo un hogar aquí y la casa común es donde debía ser velada.

Me hubiera agradado no marchar de donde viven los Kouretes pero es imposible. Este es un hogar de nacimientos y los difuntos no pueden reposar entre estos muros.

Me pregunto que existencia he tenido en la las mentes de estas personas hasta este momento en el que ya no hay duda del peso que es mi carga.

La procesión que guía Auristrata persigue trasladarme de un lugar a otro pero guarda algún significado mas que se me escapa.

Metis y Enipeo parecen una escolta demasiado seria para algo tan nimio y Auristrata, en cierto aspecto inexplicable me da miedo desde que coloco su siniestro casco. No me acompañan unicamente sus formas corpóreas si no mas allá de la imaginación los amplia con el peso de sus espíritus.
En el camino los siento atentos y tensos. Introduciéndose entre los pliegues de muros del sonido de los susurros y de las medias voces. Sin verlos siento la opresión de decenas de miradas quizás todas las de este lugar.

Algunas son neutras, las mas ansiosas, algunas, pocas, tristes y es patente mas de un par de enfadados que intentan alcanzarme y son conminados a desistir a punta de lanza.

Me mueven por una atmósfera de emociones vivero de expectación contenida que se extiende por entre las personas con las que nos cruzamos.
No las notos sorprendidas ante esta procesión imposible en la que ven que el muerto anda, aunque me asalta la duda de si lo que ven es ciertamente un difunto.

Debajo del paño de la Mortaja todo lo externo parece irreal y aunque sienta el peso el peso del impacto de los pasos y el ruido de mi respiración la mayor parte de lo que percibo gira como un sueño.
Me doy cuenta de la ola opresiva que la linea de la duda que empezó con mi primer pensamiento lucido después de que no debiera haber ninguno y se reparte en los demás, en cada uno de los corazones de los que contemplan esta imposibilidad con temor de mil latidos o diez mil no por desconocido si no por lo profano.

No es como lo han vivido con anterioridad.

El devenir de esta ordalía se alarga mas de los que puedo definir con precisión y el sentimiento colectivo me cala dentro mas aun por que es compartido.

Su emoción es esperanzada como los que aguardan las ultimas noticias en un parto pero no por espontaneo lazo con el jubilo que comporta si no por el impactante respeto reverencial a las fuerzas que están implicadas y se mueven en el filo de lo que comprendemos y cuya respuesta es segura y posiblemente adversa.

No son primerizos en ello pero alumbran un cierto hilo de desconcierto desprendido de la madeja que conocen y que los abruma con el asombro y la consternación que se filtra en sus voces y sus silencios.

Cuando Auristrata me pide que levante un pie despacio esta claro que hemos llegado. Me hace ascender los doce peldaños de la escalinata del Lar de los Procederes y después de unos pocos pasos mas un cierre de madera y metal sella la estancia y se lleva el murmullo envolvente.

El olor del ciprés se filtra por entre los poros del sudario y los cortes del velo.

Entonces mi guía me detiene y se vuelve a dirigir a mi como si fuera a otra persona:

- Junto a las aguas del reposo te conduzco. Restaura tu alma aunque pase por bajo la sombra.
Cercana eres de la benévola muerte que ni tardara ni podrás evitar.
Aquellos que mantienen por triplicado su juramento, conservando sus almas limpias y puras, jamas dejaran que sus corazones sean manchados por el mal y la injusticia y la venalidad brutal de los olvidan que son, a quien pertenecen y cual es su lugar.

Con destreza rasga las uniones de las sandalias de mis pies y me descalza descubriéndome el tacto de un suelo de piedra mas rugoso de lo que esperaba. Esta repleto de aristas que se trasladan como aguijones severos en las plantas de mis pies.
De un lugar indeterminado difuminado por el eco Auristrata me habla en este día por ultima ocasión.

- Ve y ocupa tu lugar.

No entiendo lo que me pide y por un rato espero muda y quieta en la mas profunda ausencia de sonido.
El silencio es hueco y bajo la mortaja y el velo reverbera, amplificando el golpeteo en los oídos de la liquida melodía de mi pecho, un ritmo intranquilo de que se acompasa con el paso del tiempo.

Por simple razón e intuición me es conocido que no es aquí  parada donde me tengo que encontrar.
Arranco un ligero paso con el tanteo de avance de un solo pie y sigo sintiendo el mordisco del pavimento pero este desaparece en el siguiente y en el siguiente y el contacto plano y terso aunque parezca paradójico es su vacío el que me altera. Consiste en una súbita sensacion de perdida como estar en caída sin la guía de ese dolor tan tonto.

Por pura respuesta inconsciente reculo hasta que mis talones se retuercen en el empedrado mellado e incomodo. A partir de ahí el caminar se dirige en la calma que otorga que si duele la senda es correcta.

Camino y camino por el trazo abrupto sumida en pensamientos entre la duda y el foco.

Mis pies tardan poco en acostumbrarse a la guía y me voy apercibiendo que lo que en principio creí rudo y tosco esta conscientemente tallado y al final se me presenta como letras.
Un glaciar esculpido de escritos diferentes mas grandes y mas pequeños, mas antiguos y mas recientes. A veces en las circunvoluciones se incrustan contornos metálicos de tal impresión fría que parece que hablaran a través del tacto.

No es muy amplio pero si da muchas, muchas vueltas sobre un centro cada vez mas próximo.
Cada vez es mas claro que hay un objetivo y que no alcanzarlo por la huella dispuesta es la mayor falta y irrespeto.

La glosa es la cuenta de los años comentada en los individuos que han formado parte de este rio de hermanos desde el principio. El metal es impronta. Mas abundante cuando mas me acerco a la fuente de su nacimiento.

Sobre el arrastro nuestra huella, impregnándola de pequeñas manchas de sangre vertida de las pequeñas heridas producidas en mis plantas.

De repente el camino acaba abriéndose en una explanada en la que el mensaje del roce cambia. Grandes Nombres unidos a los otros indefectiblemente por parto y llama desde el Aire al Cosmos.

Encuentro la médula sagrada de la casa y de la ciudad, paralelo al eje del Árbol.

El retumbar en mis oídos de mi corazón es asfixiante y el dolor de los aguijonazos en mis pies como un faro.
Estoy en un lugar donde este batir de emociones se culmina y cuando creo que me voy a disolver en ello cede al retirarse el manto de mi mortaja.

El aire fresco de un gran recinto pétreo me baña infiltrando de una ilusoria oscuridad que se retaza en penumbras.
Manos rápidas en invisibles a través del velo extienden la tela a mis pies fugazmente desvelando ricos dibujos bordados de la antigua guerra y de la que no acaba.
El cuadrado del tapiz se extiende por completo para tapar la piedra que hasta entonces fue el final de mi camino. Entiendo entonces que no he llegado allí y solo lo he hollado.

Las luces de los reflejos dorados, plateados y broncíneos me lo cantan alrededor con una voz de luz silenciosa e indesdeñable. Incluso los pocos, los muy pocos brillos de la aleación transformada mas vil y tétrica.
En el crepusculo a través de las hebras que me coronan se muestran los objetos que intuyo al final serán mis compañeros.

Un bacín pálido de porcelana color hueso con tapa y una bandeja con frutas y quesos curados en esquinas opuestas.
Un brasero lento y perfumado y un poste de la altura de un hombre entronizado con el yelmo con el que Auristrata me trajo hasta esta aquiescencia mirándome sin estar vacío en la diagonal contraria.

Recuerda a una isla en un mar difuso o una jaula de paredes imperceptibles pero no imaginarias.

¿Es mi Prisión o mi Fortaleza?

El chasquido de una o dos puertas de imprecisa ubicación me responden que la cuestión la resolveré en soledad.
Pero no sin acompañantes. Una banqueta de Ébano y Ciprés profusamente tallada me contempla esperando a sus ocupantes entre las tinieblas fuera de mis últimos dominios.

Me siento en el suelo a espera. Pronto empezar a llegar los invitados al funeral.


14/9/14

Océano (XVII): Destilado de Ambrosia

El cielo se rompe por el suelo.
Es mas consistente que un Trueno.
El Retumbe trae voces.

-¿Betriz? Por las Parcas ¡Betriz!.

La linea del discernimiento es flácida, plano ronquido, chasquidos en el hielo.

- Hola Metis... Metis... Metis...
- ¡Oh Betriz! ¿Es ella? ¿Como...como ha sobrevivido?
- Tenia que hacerlo...Ninguno...ninguno...ninguno...
- Ninguno dejamos atrás...- frio - Rece para que no tuvieras que recordarlo...

Sinceridad en un palo de hierro. Hierro vivo. Golpe de seda. Golpe de lino. Golpe liquido.

- Ni siquiera...Oh grandes señores... ¿Que he hecho?
- He sido yo Metis... Testamento de Amor de Ella...He sido Yo.
- Deberíamos...Devolverla...Quemarla...Lo que esta Muerto tiene su Lugar.

Llanto ardiente. Silencio antiguo. Silencio metronomico. Silencio alquímico.

- Deberíamos recordar Metis. Recordar y no olvidar nuestro Lugar.
- ¿Es ella?
-¿ Lo es? Si, lo es. ¿Que es...? También yo tengo que verlo en su Momento. Es mi Fe en ella.
Me revelara cuando Despierte.
- ¿Pequeña Mochuelo que hemos dejado que te ocurra?
- Lo que estaba cortado y tejido Madrina...Mio es el deber... de hacerlo... Bueno.

 Peso criminal. Gravedades escindidas. Abajos y Arribas. Delante y Detrás. Roce y Ausencia de movimiento.
El suelo es frio pero no lo toco apenas por que floto. Se nombra a si mismo en lo que me resuena a memoria como cristal. Cascaron grueso como un abrigo. Boqueo en su interior como los pececillos en el vacio.
Sal y esencia. Entran y salen impacientes. Abalanza una interrupción de la captación. Sobrepaso irracional completo. Cargado y Espeso. Dolor... Dolor... ¿Dolor?
Dolor. Reside eternamente. Los parlamentos inconscientes se elaboran. Sentidos bajo las capas apiladas de purgatorio corpóreo.
Esto es gusto. Esto es olfato. Esto es tacto. Esto es oído. Esto intenta ser vista.
Se entremezclan y se muestran confusos. Confunden a lo que les da significado.
Arman la evocación y algunas remembranzas se perpetúan evitando disolverse en el caldo de sensaciones que no tendrían que estar.
Percepción humana. Percepción personal. Percepción femenina.
Como un golpe aparece al contemplación ajena sobre mi cara.
Cabellos clarisimos de oro de trigo y cebada. Mirada de Ojos Brillantes. Vida aun corta. Vida intensa. Vida regada de improntas.
Cubre todo encapotando mi firmamento con la promesa de liberarme en la luminosidad de los faros de su mirada. Lo desborda por su carne de piel ovalada en blancura rosada en la media luna que no decide a decirme que curvatura tomar. Respira fuerte como un torrente que baje por su distinguido apéndice nasal.
Sonrió, cansada pero alegre y siento el cielo y el infierno al mismo tiempo.
Otras formas se acercan pero sus manchones son muy poco interesantes.
De repente este poco se desvanece como si lo arrancaran y prevalece lo que no me abandona.
Padecimiento. A partes glorioso y penoso.
Mi primer deseo seria que se lo llevasen pero comporte forma con el que agradece su respuesta a la pregunta de mi realidad.
Vuelve el contacto. La frontera entre fluidos oscila. Aire que me anega y otro liquido que me abraza.
He roto la barrera de su protección y Duele. Como nada puede doler mas primario e intenso que una primera vez de respiración.
Lo simple es llorar como un bebe pero arranco el movimiento a la boca con mas concreción y tino. Un gesto natural que no necesita pensamiento por que es pensamiento mismo. Hablo.
Flemas y humores se desprenden de mis labios hasta que mi voz surge de un túnel escarpado y arenoso.

- No......lo......Entiendo...

Hay formas con movimientos acusados a mi alrededor librados a la sorpresa de mis actos aunque no para todos.
Una voz me define con facilidad y de manera precisa. Una voz que asocio con el odio y el amor sin posibilidad de distinguirlos.

- Después de todo...

El fracaso en intentar verla se convierte en el triunfo de la inconsciencia negra.

Mis ojos y el resto de mis sentidos vuelven a alumbrarse sin una razón concreta. Un instante nada esta ahí mas que tus ensueños y al siguiente veo siento la tormenta de dolor y percepción. Ahora es mas completa pero también mas frugal. Como menos acuciante ahora que es mas conocida.
Estoy sentada en una especie de piscina enorme de colores inadecuados mirando a Metis y a Kebren y una mano dulce me arregla con primor el cabello.
Metis me observa repantigada en una silla con una pierna cruzada sobre la otra mientras fuma en una larga pipa de barro. Kebren se estaba inclinado hacia ella con un libro venerable en el regazo y el eco de su voz varonil se apaga por que al gesto de su compañera ha detenido su declamación.
Su amante viste completamente pertrechada para la guerra moderna y sus botas sucias parecen haberse usado hace poco.
El marinero parece mas informal pero aun así destaca la presencia de sus armas.
El fin de lo que estuviera leyendo en voz alta también ha detenido a mi enfermera mas cercana.
Sin mirar se que es Betriz. Todo huele a ella en esta habitación por encima del resto de aromas. Su sudor, su esencia corporal, sus simples perfumes.
¿Que es lo que ha pasado?

Estoy Muerta.

Ese es una certeza que todo mi ser me comunica.
Pero Respiro, Percibo, Siento y Pienso.
No es el Infierno. No es el Cielo.
Estoy en el Medio.
En los Palacios de Océano.
Noto que mi frente frunce el ceño y se desprende una costra purpura y negra.
La mano cuidadosa de Betriz me la retira con el tacto de alguien que es experto en la acción y la arroja al liquido que me rodea para que se disuelva y quede absorbida.
Se mueve y se coloca a mi lado y ahora puedo ver a los tres a la vez contentos y preocupados.
Falta un miembro del grupo y sin siquiera pensar por que pregunto.

- ¿P..o..n..t..o..s.?

Los tres se miran aunque solo Betriz se atreve a cogerme la mano. es muy valiente por que yo no me la cogería. Es una garra crujiente envuelta en una tracería de materias orgánicas en diversos estados. Intento tener yo el mismo coraje y aguantar y no repudiar su amable contacto. El Rostro de la muchacha esta serio pero calmo. Se asemeja mucho a su padre adoptivo pero a los pocos latidos veo mucho mas. Un recuerdo de una mirada en piedra a la que otorgar respeto reverencial.
- Pontos esta en la ciudad. En los tribunales eclesiásticos - explica sencillamente Metis.
- Los Popes están un poco nerviosos.
- Bueno, es realista amor - Metis se levanta dejando su pipa y acercándose hasta los pies de la balsa - Les es difícil de entender si hemos traído una persona real con alma o una abominación destilada en Ambrosía.
- Padre les hará ver la verdad.
- Yo estoy contigo, cariño...

Nuestros ojos quedan atrapados la una en la otra y se que lo que le preocupa es que no puede ver mi futuro.
Cojo fuerzas para hacer la siguiente pregunta. Va lastrada de mi propia consternación y confusión pero intento ser lo mas directa y lejana de mi misma. Me brota de forma rasposa.

- ¿H...i...j...o...s?

Metis frunce el ceño y sé que ahi hay un obstáculo sin embargo no me oculta nada.

- No me he puesto en contacto con ellos. Aun no puedo. Pero no puedo garantizar que Él no venga.
- ¿M...u...e...r...t...a.....................Verdad?
- Es...sencillamente complicado. - se aclara la voz y rehuye las demás miradas - Deberías. Tu ser debe haberse disgregado al entrar. No se te inscribió con la plegaria apropiada...
- Eso no lo he entendido - masculla Kebren.
- Ella no estaba en la declinación. Lo comprobé y lo consulte con Tetis. No era ni es uno de los Titanides...Ni por sueño, ni por alegoría ni por visión...eso...eso creo... creía.
- Así que entro libre a la muerte - la mirada de Metis es la mezcla de la culpa y la pasión de un animal acorralado. Asiente débilmente.
- Por que la llevaste allí - la seriedad de Kebren cuando viene es tan firme como sus sonrisas.
- Me lo pidió. Y también hice una promesa - dice Metis y por los ojos de su amante sobrevuela una sombra melancólica y resignada - Le prometí a Myla... - Metis casi pierde la voz mientras mira a Betriz - Le prometí a tu madre que te salvaría.
- Y no solo tu prometiste - Kebren me mira fascinado, nos mira a las dos.
- S....si.....

Así fue y lo sabia sin saber al saber que tenia que venir.
Toso y me incomoda el propio sonido pero necesito preguntarlo.

- ¿ Q....ue.........S.....oy?
- Se vera - interrumpe Pontos desde el Umbral - En el Funeral.

Parpadeo y el dolor de la caída de trozos de mi misma al desprenderse me sacuden

- Bueno, ahí lo tienes Tiznada, tu respuesta: Lo que has sido siempre - nos dice Metis con cuidado en las palabras - un regalo envenenado.

13/9/14

Oceano (XVI): Gonia (Madres y Padres)

Betriz resplandece.
Es con su propio brillo inmanente de la narración en letras de luz de la Xenia recorriendo cada centímetro de su desnuda piel. El Aire respeta la ley de quien heredó su doma no tocando a su inconveniente huésped y espera ser recompensado con una cortesía igual.

La Joven Doncella contiene su primera inspiración.

Ciega en donde no hay que ver percibe el rumor continuado del Genealogalos que le había estado oculto.

Los dos roces diferenciados en el lugar donde solo le debía aguardar una solo abrazo.

El intervalo de duda demacra su espíritu no hecho para no respirar y la debilita.

Si se niega al Aliento Final su anfitrión se desplegara contrariado y no ejercerá miramiento alguno en actuar según su naturaleza, rota la ley y las reglas.

Entonces la ultima esperanza de Rea morirá para la existencia por quien sabe si todas las restantes eras.

La capucha de luz que la abarca desde este instante la comprende de forma lenta y sesgada pero lo suficiente para que gire la vista hacia ella.
Ahora puede ver, oír y entender.
Nos, repetimos la promesa empeñada y ella natural la agradece con modestia.

De Nuestra mano acepta la Luz que mantiene la guía y despeja del sueño erróneo y ella la aferra con el porte sencillo de una muchacha casta y pura.
Sus cabellos se oscurecen cubiertos de finas retamas y sus ojos se aureolan del misterio del parto.

Rigen nuestras manos a uncirla con el filo del reforjado Harpê al costado con la cuerda trenzada de las crines del Sacrificio y la coronamos con el Yelmo de nuestro ascendiente batido en el relámpago y el meteoro de la orden del Padre de Todos.

Con el ultimo presente nos esmeramos. Tomamos su mano conectada al corazón y sobre su muñeca aseguramos el cierre de la Llave Maestra aun palpitante en su rojo dorado.
Imposible es de ocultar a nuestra favorecida el linaje de estos atavíos por que lo ha conocido y los reconoce.

La Sangre Pura de sus venas invisibles erige el reverencial agradecimiento que la conmueve.

Quizás esto la afecte. Nos, no lo estima por que Nos, valoramos la herencia de la Antigua Madre y la sabiduría de la elección.

Sin embargo la muchacha es joven y los jóvenes son impetuosos e imprevisibles.

Las huellas del destino nos dan lo que nos pueden dar.
Nos, acariciamos la Luz con deseo parejo al comprometido con la Portadora de la Muerte en Otro Lugar Oscuro..
Nos han dado todo lo que han prometido y Nos, lo hemos puesto en su mano.

La Fortuna es cosa de Mortales.

Betriz, la doncella, nos ilumina con una sonrisa nutricia y sincera.

Alza su Luz por encima de lo Alto y confronta a sus hados.

El Taimado sopla su aliento de tres capas de podredumbre con jirones de inocencia corrupta y vomito arcaico y Vieja Madre se arruga contrita por el dolor salvaje sufrido, vano tras el salvajismo infanticida de su consorte sobre sus retoños.

La Columna de Océano se sacude en su herida, perturbada por la confusión que lo Imposible le provoca.
Lo que Él lo sostiene en su lugar hoy esta también puesto en su interior filtrado por arteros caminos y engaños y ahora socava lo que Era por que estaba Dicho.

El Mundo se dispondrá a cambiar permitiendo el regreso de los Apartados.

La Doncella esta tan perturbada como el Genealogalos. Sus creencias, su naturaleza primera no le permiten respirar este Aire impregnado del Enemigo Previo y Ultimo.

Pero Caos espera su bienvenida y poco a poco se va tornando de humor aumentando el peso de su presión.
Imposible de aguantar mas Betriz acoge la bocanada acordada del limo fértil e infinito y se inunda lentamente por entre las hendiduras minúsculas de su Casco.

La materia componente del Kranos seduce a cada gota del Engañador en una facetada multiplicación del lascivo cortejo que la misma Hambre del Segador sufre ávido y las lanza lejos de a quien protegen.
Nuestras fuerzas sostienen el filtro empapado de este elixir caprichoso mientras la sangre de la mortal madura en la de la Titanide con el sustento correcto.

Nos, guarda su propia consternación al vislumbrar la certeza de ser esta la oportunidad ultima.

El Castrador reacciona al conocerse burlado y reclama, escupiendo un furor que hace retemblar al Aire, su legado. Su infeliz esposa lo conmina entre suplicas y requerimientos, motas de vida que se derraman por sus ojos y el mural sin ambages de su hermosura expuesto al escrutinio y antojo de su esposo mientras le pide que recuerde el amor que Ella siempre a diseminado por voluntad propia en Él y Por Favor le ruega que cese en su cruzada de dolor ciego por la Sangre que causa.

El Titan no cede. Su Locura esta profusamente horadada en la Oscuridad y la siempre Noche y el Hambre eterna por su propia Carne y Sangre.

Su cordura se ha abandonado en el seno del Tártaro lanzada hacia delante sin bridas ni freno en la espuma de la venganza.

Derrumbara esta Casa y engullirá a todos sus hijos aunque sea lo ultimo que haga antes de que los Otros cambien de punta a punta este Mundo.

La Madre Antigua lo acusa en su ser marchitado, a bocados, en los golpes y la Doncella lo acusa y no puede completar su ciclo.

Las huellas del Odio se le agolpan alrededor como zumbantes moscardones de voluntad divina que la azotan sobre el cuerpo. Betriz trata de seguir por que una vez comenzada la comunión ya no hay muchos mas pensamientos que consumarla pero el refinamiento del Enemigo es capaz de vencerla y tose y expulsa las ultimas bocanadas del mutable Aire.

La Irritación de Caos es patente en su negativa completa a retornarle el Soplo. La tortura enojado poniéndole la miel de su Icor al alcance y conviertiendola en hiel alejándola en el ultimo instante.
La transición no se completa y el Padre ríe ufano.

No habra Perfeccion Hermosa para la Doncella ni Futuro.

Primero se pudrirá ahogada en su propia sangre abominable y el Primer Árbol con ella y mientras el vientre seco de Betriz contemplara el final de la estirpe de los Diez mil y un inviernos de los Titanides.

Nuestros esfuerzos no pueden mas que aguantar la prebendas otorgadas y observar lo que venga.
Tique parece estar decidida a atraer hacia abajo su esfera.

Sin embargo Betriz de Primavera es valiente, es tenaz, y es una Titanide de nacimiento que ha amado su destino desde que ha tenido conciencia del mismo. Su fe quema con el pabilo de hueso de su antorcha la tormenta de sucias sabandijas que la atacan y las expulsa de su alrededor. Alza su mano iluminada a lo alto y cruza sobre el corazón con la Llave que todo lo Abre y todo lo Cierra.

El Amor mas intimo y único acude a ella. El amor de su madre hilvanado en el Amor Magnifico de la que Da a Luz con Abundancia. La esencia de mi Hermana se consume en este lugar hasta el fin, menos una gota volcada en la carne de la Llave.
La matriz de Betriz se abre y se inunda del poder de la Creación mas Misteriosa que esta bajo nuestro gobierno hasta que rebosa pero no derrama. Entonces clausura todas las posiciones de la cerradura que existen excepto por una.

La natural  y la mas difícil nos parece aunque Nos, que entendemos de ese camino.

Los Titanides perduraran solo si se cultivan los frutos del Amor Verdadero.

La locura de la rabia primordial nos sacude.
La Nada que lo es Todo se agita con tanta distorsión como ya habíamos olvidado y que preocupa a los Dioses.

Las fuerzas empleadas se consumen.
La llave esta fría y la corona se helara con el tiempo, las dos esencias ya muertas.

Solo la Luz y el Harpê restan y en el pandemonio que sera lo que sigue puede ser terrible lo que se pueda hacer con ellas.

Sin embargo la Hija de Rea continua sorprendiéndonos.

Sostiene el Faro que Arde y se quita el Yelmo dejándolo a la flotante deriva mientras desenfunda.
El Filo Adamantino restalla en el multicolor brillo de sus incontables trazas serpentinas. Es el arma de un Dios que puede herir pero también matar.

La joven Titanide parece preguntárselo a la Luz de la Iluminación.

Como respondiendole en los limites entre el Caos y de la ilusión de Orden las fauces imposibles del Primero entre los Derrotados se estira en su estertor, frustrado por no masticar el triunfo en la dentellada a la carne de sus Hijos. Es el Hambre lo que se huele, una avidez inexorable que avanza.

Nuestro compromiso aquí no sera perturbado por el latido mas lento que recuerda el Cosmos.

Pasan las posibilidades concernientes desde la muerte de Ella y hasta la muerte de Él y cualquiera de los dos extremos es fútil. Quizás sea nuestro tiempo de innacción o acto.

Pero el verdadero enigma esta ligado a los mortales y a sus elecciones en su existencia.
La antes Doncella, proclama un grito de desafío y promesa comparable a los de los anales.
Amaga un golpe de su filo para hacer retroceder a su contrincante y coge la corona bajo el brazo para empezar a alejarse en el asombro hacia la hendidura de nuestra voluntad en lo mas Abajo.

Alcanza el umbral y se detiene.

Su rostro es decidido y solicito en su pequeñez ante la magnitud de la puerta pero aun en la premura tiene tiempo para la humildad de la reverencia y el talento para pedir permiso.

Nos devuelve la Luz lo que es motivo de jubileo en nuestras estancias.

Solo percibimos el vestir de nuestro adversario por su estruendo. Un alud que se acerca.

Betriz de Rea moldea la corona con sus manos desnudas hasta formar una O perfecta que encaja en el quicio de la apertura.

El rugido se atenúa cuando nuestra majestad  regresa.

Sin embargo aun enfrentado a la marca de otro igual el Titan nos afrenta, recorre nuestro símbolo con su Verbo, trata de derrumbarlo, corroerlo, tantear si este es un camino expedito mas directo que el gotear del Primer Árbol. No lo sera pero sin la Llave esta sera una penosa confrontación que nos consuma.

Gloria sea si esta es la encrucijada que nos toca.

Nuestra Protegida sostiene en guardia nuestro filo consciente de lo que puede hacer con el.
Lo observa, lo valora, y se valora a si misma. Parece escuchar a alguien y nos reconocemos la voz en la memoria.

Rea hija de Rea alza la cabeza mirando al hueco que la observa desde el reino del Aire. Asiente.
Toma el arma y empieza a desmontar el fulcro, la empuñadura y la guarda hasta quedarse con la hoja desnuda en sus manos.
La ofrece a la Nada y proclama:

- Gracias Madre. Gracia Padre. Gracias Hermanos. Gracias a todos por enseñarme la diferencia.

Con cuidado clava la materia adamantina en el vano de la grieta que se hace pequeña hasta que el marco encaja con el filo y todo forma una extraña puerta fina como un hilo.

- Sin Sangre.

Con estas palabras el camino se sella.

Nuestra incomprensión de estas indómitas criaturas es un placer enigmático.

Aun percibimos el choque del Devorador contra el poder de nuestra Puerta y nuestra Presencia.
Araña, muerde, y golpea y se nos ofrece la sabiduría de que insistirá eternamente hasta que caiga impulsándose en la seguridad de la paciencia y la desbordada aberrante pasión.

La mortal tuvo la idea de Su extinción en la mano y sabiamente la Titanide la rehusó.

El Amontonador de Nubes debe estar atento, la Tercera Batalla se acerca y hemos perdido el numero de nuestra mejor fuerza. Y de las que disponemos son opacas a nuestras miradas.
El tiempo nos mermara. Él siempre esta de su lado.

Nos, tomamos una forma en tamaño y muestra mas cortes.

La senda es estrecha y larga la vuelta y mucho se ha consumido del Fuego de este camino.

Insistimos en que nos siga, nuestras bendiciones la colmen en los años que se apresten a venir.
Ella me muestra lo que estruja entre las manos, el cordel tranzado con el cabello del Sacrificio.

Nuestro rostro es severo pero no mella. La acompaña una determinación que la refuerza.
Nos, recordamos el despojo arrastrado por los invisibles hilos de la correspondencia cruzando el umbral de la puerta. Vemos el peligro.

Su lugar es Aquí en las oscuridades de este camino. Sin embargo...

Mostramos sin hablar que no recuperara nada de lo que dio en nuestro Altar.
Mostramos sin aspavientos que no se le perdonara nada y que posee nuestra condena.
Mostramos completamente que es infame a los ojos de la inocencia y que es vil al juicio de nuestra eternidad.

Mil mas una acciones correctas solo la ataran a nuestra servitud.

Sin embargo...

Ella insiste y nuestra voluntad es concederle la Gracia. Nos, también tenemos Palabra y esa Palabra otorgada la cumplimos.
Nos pide el Favor y por deber accedemos ante Rea de Rea.
Esperaremos la Sorpresa y el Asombro en sus manos.

Oceano (XV): Avíos

Describir recuerdos de la propia muerte es incoherente.
Descendiendo de cabeza al plano de la infinita posibilidad y como Myla o Tucides...muero.
Lisa y llanamente.
No hay reverso.

Sin embargo si una historia.

Un juego de acciones y sucesos que me acompañan y que enunciados semejan el fruto de una transformación ilusoria de la realidad para que sea comprendida.
La mente y la imaginación tienen sus limites y añade luego los del lenguaje.
Al final componen una negación a la premisa de la primera afirmación tergiversándola.

Es un cuento. Quizás me lo invento todo.

Caigo. Me destrozo. Muero. Punto.
Es firmemente opuesto a una alucinación.
Recuerdos. Ciertos. No míos.
Mas bien besos. Cicatrices.
Del Fuego que ahora Camino.
Fuego Antiguo.
Su extensión pone memoria en mis palabras.
Las podéis oír de mis labios.

Son un eco rebotado en mi.

Al regresar al Caos Gabrielle la humana ya no respira.
No encuentro dolor por que se quedo atrás. Arriba.
No deshace el daño. Ese permanece. Impertérrito.
Es coagulo de mi ser. No se borra muriendo.
Ni cuerpo. Ni mente. Ni espíritu.
Ninguno se trasladan al Olvido.
Esperan deshilachados entre ellos en órbita a la disgregación.
Es la consciencia de los Poderes cercanos lo que lo ralentiza.
Mota de Albedrío que los nacidos a la Luz incapaces son de ejercer en este mundo carene de Sentido.
Al contrario de los legados de la anterior Era.

Ella aun posee voluntad en este Mundo Primero.

Aun en falta de consistencia y entereza de su Esencia.
La Esencia que coge y que clava en el Aire es la mía.
Sobre un fondo del que se percibe la compañía.

Por una lado resolla el Tiempo como un imparable amante lascivo y por el otro borbotea la Vida incipiente e incesante.

Fuerzas unidas inseparablemente por matrimonio inalterable desde que el Cielo y la Tierra se fijaron.
Otros poderes sestean pero se eclipsan en la majestuosidad gigante de los Dos Hermanos que danzan.
Es inquietante por que el polo que siempre ve la verdad desde el alma sabe que es un mal augurio.
Es el Hambre renovada, el Deseo de masticar de la Boca de Él abierta.
Devorador de su propia Semilla.
Demasiado latente aun las capas de su astucia.

La misma ansia por la que mate en una montaña en su Nombre.

Sabiduría que discurre por la puerta por tercera vez abierta.
Un recuerdo en el Caos de otro mundo.
Pequeño, presente y ardiente.
Entornada con mi muerte.
Ella espera en el Umbral.

Un túnel blanco de luz proverbial espera a otros.

Una boca de gusanos y serpientes.
Una boca de mandíbulas de perro y colmillos de serpiente.
Una fosa de pelo de león y ojos de caballo.
Ramas de azote de sauce y álamos negros.
Esto me contempla tenebroso y palpitante.
El único resplandor que emana es la palidez de la linterna de un rostro resaltado en la oquedad con los nítidos rasgos mas desconocidos de mi vida: Los de mi madre que no es la que fue.
Hay detalles trazados en lineas de plata invisible que la rodean.
Las testas negras del caballo y la perra.
Las alas de cien brazos que se despliegan.
Los símbolos de su poder.
Otros ojales la coronan por encima y también por debajo como sosteniéndolos unidos y comunicados.
Caminos a los reinos que no son suyos, el mas Alto y el mas Bajo de que Ella esta extendida y sujeta con cada una de sus incontables manos.
Su mirar es afilado y se guarnece de irritación ante la duda a las traiciones.
Remarcan su enojo por la existencia de esa posibilidad aun ahora.
Sin embargo he acogido mi destino sincera.
Lo sabe con toda seguridad.

Extiende una mano y mi cuerpo ausente cabe en ella.

- Guardiana de la Entrada, mantengo mi palabra de ser su Escudo. ¿Y tu?

Hay un reflejo en sus ojos magnificado de una niña de apenas dos palmos y medio que me mira con esos ojos inquietos de los bebes de inusitada profundidad.
No es Annette pero la recuerda y hasta en mis sueños despiertos tiene nombre: Aletheia.
El peso me cae al alma y me ata, asociado a la respuesta afirmativa ya pronunciada. Dicha ante el umbral arriba.
Ya soy fiel al compromiso desde el momento aceptado.
La mano divina penetra en mi abdomen minúsculo y arranca una masa brillante y rojiza que la toma también a ella, a la niña en sueños, borrandola de mi.

- Tomo tu Poder de vida para reforzar mi Guarda.

En su mano brota un cetro de cerradura de carne cristalizada.

- Portadora de la Luz, mantengo mi promesa de ser su Guía. ¿Y tu?.

No es posible pero es verdad que sus demandas de algún modo me estrangulan negándome un aire que no respiro y sin embargo anhelo.
Otra de sus manos queda adelantada perdida en la consciencia si cuerpo pero luego busca mi espíritu sin contorno y con cicatrices.
Entonces no hay imagen con peso pero si un mapa de posición en el universo, definición geográfica del espíritu anterior y del futuro.
Conexiones con el cambio de manto conformador del mundo que abriga los aspectos que Ella es y simboliza y deja morir al resto.
Mi respuesta ya dicha: Aquel si ante la puerta le permite acrecentar el fuego que inflama y sostiene al arrancarme los huesos y con todos ellos construir su luciente antorcha de fuego primordial en la oscuridad que consume trucos de falsa magia a la luz de la verdadera.

- Acepto tu lumbre y la uso como faro en la Oscuridad y la Nada que es Todo.

Ardo en su mano.
Me siento mas liviana.
Menos concreta.
Mas lejana pero sin estar lejos.
Escindiendo el contenido en los dos sentidos.
Diluida en la dirección contraria a la que debería en el Caos.
En la dirección hacia la arcada sesgada en mi y también bajo la misma.
El rostro de Betriz se aparece contenido bajo el paraguas de la Luz.
El rostro de la Diosa se agranda, llevando los rasgos familiares a una complejidad no conocida.
Te hace sentir pequeña, aun mas al descubrir la verdadera perspectiva.
Hace sentir cualquier instante en el que comprometiste su nombre y esencia en vano por que aunque lo ignoraras cualquier promesa ante Hecate, ante cualquier v Verdadero y mas aun ante el Supremo por encima de todos no es negociable.
La dureza de su lengua corta palabras del tapiz donde prosperan y las excava en mármol y agua llevando el volumen de su Voz hasta el extremo de la Profundidad del Mundo. Mas allá de la frontera que nos envuelve y mas adentro del lugar que abandone.

- Poderosa sostenemos nuestro Juramento de brindarte nuestras Honras y Bienes, nuestras Dignidades y Atribuciones. Nuestra Posición entre los Primeros y los Supremos. ¿Y tu?

El trueno ya lleva mi respuesta legada libremente y en creencia en la antesala de la muerte pero al contrario de las dos primeras la tercera espera: el triunfo de la duda o de la fe.
De una u otro forma el toque divino te consume pero puede ser fuego negro del que huyes creyendo en el miedo poder escapar o de la Lampeade antorcha con el que caminas hasta el fin de tus pies, de tu amor, de tu verdadera visión y tu aliento.

Promete el Máximo dolor y sin embargo...

La respuesta...

Abrasada de un violento deseo de ver a la Divina me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos. Hasta la dilución del No y la permanencia única del Si.

- Si - resuena en el minúsculo universo de mi ser.
- Si - recoge el eco en Ella.

Todas sus manos libres, decenas, se lanzan sobre el poso de lo que quedo y arrancan mi cara, piel completa, gestos y ojos, llevándose mi Nombre Verdadero que solo puedes dar a tu Amante.
Con el forja Espada Adamantina de Corona de Negro, de Azul y de Blanco inscrita con las serpenteantes palabras gloriosas de la Diosa.
El resto, el despojo se promete en arder pero solo puede ser el Juramento por que aquí donde esta arrojado Hecate solo alcanza a tomar lo ofrecido y esta ha llegado hasta el final.
Sus Avíos están ultimados.
Es en su Esencia que he visto y veo.

Oceano (XIV): Es Tuya no Mía.


El roce de los Salones de Océano en el espíritu expedito atrae mi mente a mi cebándola mas arriba de donde la he arrojado.
Luz nula, sin vista. Sonido nulo, sin oído. Solo retengo retazos de gusto, tacto y olfato.
Pero aislados en si mismos los unos de los otros como sentidos primarios se convierten en un desfile de inconexos.

De momento es como la sensacion del desplome de un telón sobre los hombros: unicamente soy consciente de su peso y de que estoy atrapada debajo.

Entre el eclipse y la barrera ascendente del dolor me quedo con poco margen para la consciencia y en la rendija atisbo la Muerte en este Reino, alejados cualquiera de los cierres que permitían ignorar la proximidad de su frontera.

Mas allá. Un suspiro continuo. Mas hondo que el fondo pleno del Mas Bajo Reino. La huella del choque del verbo que dispone y del gesto infinito que le precede.
Es una endecha de amantes con frutos de amor y tragedia en los ánimos a cada lado.
Océano que ves declama a Océano que ya no puede ser visto.
Hay frutos ya vividos en mi pecho y podría haber otros en un descenso hondo, inacabable, vivificador, pretérito y ultimo.
Pero ese no es mi propósito. No soy consciente de esa esencia nunca antes o después de la oscuridad que me alcanza y casi toda me es propia.
Es una evocación de una antesala en el entendimiento y un camino fijo a la consciencia.
Estoy sola, no por primera vez, por que las otras, aun que me portaban con la mano del contacto mas humano resulté ausente.
Pola hizo por mi pero no me resulta evidente que hice yo o quizás es meridiano que es justamente lo contrario.
Hice Dolor en toda esa gente.
Hago Miedo en los que amo.
Soy Disturbio dentado.

Annette, Asier o Pola... me vienen fácilmente en este lugar por que me permite recordar las gotas que puse en ellos de lo que hay Mas Allá de Abajo.

De Lo Mas Abierto que aun en el obscurecimiento y la ruina física nada impide discernir que he alcanzado arrastrándome o a gatas.

El mismo punto que solo recuerda a Betriz por la permanencia etérea de la marga del ciclo femenino en el aire mezclados con su aroma de joven marinera cubierta de sal y esperanza.

Ya ha seguido su destino y Tiqué aguarda el movimiento de su leve orbe con contenido aliento.

Me arrastro con mucho esfuerzo, embrazada en cada herida cuya ordalía se muestra ahora.

No puedo enderezarme por que no me queda aliento por lo que descanso con el torso arrojado sobre mis rodillas con los brazos bajo su peso y las manos sujetándome la cabeza sobre el orificio que no tiene forma.

Es menos que un paso lo que me separa, incluso menor de los miles que ya he dado hasta allí y sin embargo me constriño en una mueca de cuerpo entero que me encoge evitando solo de cansancio caerme en Éllo.

Si muda esperaba evitar las conversaciones es que no soy muy lista.

Puedo hablarme yo y es eso lo que es inevitable.

En retrospectiva tendría que ser simple, si sigues el acto en el que crees y en el que piensas que estas consagrada. Sencillo como una única meta.

Pero tienes mas metas de las que reconoces.


Mi soberbia esta enquistada.
Viene de mis jóvenes tiempos en los que no se rebajaba a susurrarme si no que actuaba a plena vista y libre, pero ahora, el por que del no haberla arrancado en el pretendido acto de carenar el bote de tu alma ¿No es revelador?. La guardas.
Mira este lugar.
Nadie ni Nada como Tú jamas a Él ha accedido.
Eres grande y puedes obtener sus secretos sin pagar sangre a cambio.
Al menos la tuya.
No des mas pasos.
Agarra un Pedazo de lo que los Tontos nos ocultan y con él seras lo que estas destinada a ser.
Tu destino es tu deseo y tu voluntad es mas grande que las leyes de los demás.

Eres ambición pura, Gabi. Poder y Permanencia.

¿Te reconoces controlandolos? 

No des el paso.
Sabes que te matara.
El Caos mas allá de la Barrena es su propio regente pero aquí en la Semilla su Savia es toda tuya si la traes.
Te matara y no hay mas vida. Solo la mentira prometida tantas veces que parece verdad.
La muerte es definitiva.
Y lo es por que te consume.
Es con lo que se alimentan los que se califican a si mismo de Dioses.
Dioses que no existen.
Incluso lo proclamaste a los cuatro vientos en un lugar tan sagrado como Chartres.

¿En Verdad Crees Eso? 


No debo dar ese Paso. Si de verdad pienso esto mi Juramento es falso. No será mas que un paso impío y condenado.

No...¡No, no, no!. No es eso.

Ya se que estoy condenada. 

He roto votos y promesas. 

Anhelo el castigo pero es solo el rebose de mi excesivo ego que incluso en el martirio quiere estar al mando.

Diosa, tu ya te has declarado verdaderamente mi Enemiga, en mis propias palabras bañadas de tu Maldición para que no se escapen de mi mente, mi cuerpo o mi espíritu.
Aun en esa represalia tengo fe. 
No empeño en ella mi promesa o el honor. 

Es mi vida.

Quisiera conservarla, esa es mi debilidad. 
Quisiera ser en ella protagonista, esa es mi mancha.
Pero míos son mas los pecados: contra la inocencia, la rectitud, lo justo y lo sagrado.
Contra los que me aman y mas, he pecado en daño y tormento. 
Sé como les he aligerado el camino a su propias maculas.

Me pides que de el paso. 
Por que con quien tiene que estar Betriz no es conmigo sino con Su Madre y la promesa de protección en su camino es Tuya no mía.

Es eso. 
En ello pongo ahora mi Ser.
Mi Existencia es Tuya.
En el Océano Indeterminado que alienta el Creador nunca Creado.

La estrofa de la Canción que hoy tienes que entonar y para que la oigan y se pierda efímera en el Primer Aire. 

Abajo.

Para siempre Jamas.


- Así sera - me sobresalta la voz de Tetis - Esta vez cuando Mueras, morirás de Verdad.

Debo haber estado hablando en voz alta aun a pesar de las heridas.
Es cierto.
Han desaparecido los vendajes y los trapos de mi mandíbula sustituidos por el sabor del fluir de la sangre y el tacto del hueso abierto.

El dolor es horrible pero no me desmaya. Creo que ya nunca pueda hacerlo.

Mis ojos ya no ven mas que espectros de la memoria y espejismos del dolor.
Casi todos tienen el tono amarillento del Bronce y la fugacidad de la inconsciencia.

Huelo a Metis a mi lado.
Templada y Paciente.
Atenta.
Ella es la que retiene el hálito de la espera.
Por entre el dolor consigo pensar que articulo mis ultimas palabras.

- Diles a mis hijos que los amo, aunque nunca he sabido descubrir como hacerlo.

Con ese ultimo esfuerzo se rompe el poco hilo de razón que despierta y las lineas vuelven a saltar entre la percepción y el ensueño.
Cierro los ojos y los abro.
Miro el Infinito que me devuelve caras que apartándolas ignoro.
Atiendo solo a la emoción del Mundo susurrando y al Rumor flagelante del Árbol.
Siento el fluir del regreso fluyendo por mi sangre.
Ando el Corto paso cortando las resistencias y cayendo al Espacio que se Abre.
Y ya esta.


Océano (XIII): El Regreso.

El camino es extraño.
Escueto de detalles a la par de largo.
Metis nos conduce entre los brillos y las sombras por las raíces de los edificios hasta un nivel mas profundo y laberíntico cuajado de huecos irregulares con ecos.

El trayecto tiene cada vez mas de bregar por llegar y con el paso indefinido del tiempo cada avance se hace mas y mas pesado.
Ella deja un rastro nimio de su sangre allá por donde pasamos y no dejo de imaginar que es el hilo de vuelta que va desenvolviendo. No. Que va siguiendo.

Creo que tengo fiebre y los olores se me incrustan y mi cabeza va siendo cada vez menos mía con la constante sensacion de fracturarse a través del avance en esta senda.

Al final estoy increíblemente cansada, tanto como para que la esperanza de ir a mejor no cale.
Quizás es eso un avasallamiento del hastío tan grande que el anhelo de la continuación de la vida ya no lo mermara si no que lo hiciera peor y mucho peor.
Intuyo entre brumas que es el paisaje, la voluptuosidad enmarañada de ramas fantasmagóricas profundizando hacia abajo y abajo del mundo pero también se me pasa por el pensamiento que esa explicación es media mentira. Si brota una una disposición suicida y depresiva casi completamente nace de mi.

Como una reacción perfectamente lógica en ese lugar y humor la respuesta aparece para fustigarme.

La primera rama que me azota casi me parte el resto de la mandíbula tan fuerte que las ultimas fuerzas que tengo para contener tripas y vejiga se pierden.

Metis me agarra firme de pie y no caigo.

Había pensado que el roce de aquel árbol liquido me consumiría pero es como si me hubiera cortado un trozo de la cabeza y pudiera seguir pensando.

Metis me recompone y siento no actúa somo un sostén si no como el encargada de asegurar de que pueda afrontar el siguiente envite.
Y el que le siga.
Hay mas golpes a tramos mas o menos espaciados.
Me golpean la frente, en una y otro muñeca, en los tobillos, en el pecho y en el bajo vientre y en la entrepierna dejando mas que verdugones.

Hasta nueve veces creo llevar la cuenta, envuelta en el delirio del dolor, mezclado con la fiebre.
Nueve, si, acaricio el numero. Nueve esta bien. Es el diez el que es un mal numero. Ese Otro.

Cuando cesa el ultimo fragor y su restallido se aleja de mis oídos como un rumor caigo sobre una blandura gruesa y acuosa muy oscura que no es agua de mar pero tampoco no es agua.
La estancia apenas se me remarca en los sentidos pero es irremediablemente patente en su reflejo sobre la tenue patina del liquido negro, candente y vivo.

Al fondo hay una cortina de ramas en cascada que semeja estar petrificada aun que se ciertamente que se filtra hacia abajo muy, muy eternamente.

Por entre el ramaje hay una abertura por la que se escapan los ecos lejanos de la voz de Betriz.

Enfrente de la extraña puerta esta el chambelán de Febe que nos mira como intrigados entre su espanto.
Tiene la cara del que chupara un limón y se lo ha tragado y no sabe como dar marcha atrás y vomitarlo.
Cuando ve a Metis tiembla mas de vergüenza que de miedo.

Metis me mira y veo que ha desenvainado una extraña espada.

- Por fin ves Eos, ¿No es Verdad? - le clava sus primeras palabras sin compasión.

El asiente cabizbajo mirandome de reojo con pavor.

- La...La Bruja... - me señala - Su Voz... Sus palabras.
- No es una bruja... - me roza el hombro con la punta de la espada - Ya no. Apenas es un despojo. Como tu. Heces condenadas.

Le escupe a la cara y le acierta desde la distancia lo que lo sorprende tanto que lo derriba entre sollozos.

- No necesitabas otra Voz para ver Eos - lentamente se acerca a él con el arma amenazante - esa Voz la has tenido siempre pero elegiste no escucharla hijo de Thea. Ahora vas a tener mucho tiempo para oírla - Lo encadena con los hilos de plata y los clavos y es brutal por que si Metis sufría pero no gritaba, Eos no puede acallarlo y sus alaridos retumban en la estancia.

Siento el rumor de replica. El ronquido airado apenas a un centímetro de mis dedos. Enfadado y ansioso.
Metis vuelve a mi y me levanta con firmeza. En el umbral arbóreo aparece la dama Tetis.

- Vamos - es lo único que dice. Me fijo en que ha envainado y eso es para ella extremadamente importante - Vamos - me repite - Nosotros no tenemos todo el Tiempo del mundo.

Avanzamos la media docena de metros y Tetis nos franquea la entrada.
Dentro esta Betriz envuelta en un fulgor y un calma azul oscuro que se desprende de todas las superficies del lugar excepto por una.
Un botón casi minúsculo en el centro, como una tronera redonda de dos palmos de diámetro, por el que si quisieras bajar tendrías que decidirte y encogerte.

El color del circulo no es oscuro.
Creo que me me engañan los ojos pero no es ningun color.

Metis me desplaza hacia un rincón me ayuda a ponerme de rodillas. Ella va casi encorvada.
El techo es muy bajo y parece que cada vez pudiera serlo mas. Es como si constantemente este presionando hacia bajo con titánico esfuerzo.
Reconozco el punto exacto donde estamos. El eje concreto del Árbol. La punta de su tronco pero por el otro extremo.
Aquí acaba su copa y mas abajo...

Un escalofrió me recorre la espalda.
Mas abajo...

Metis también se ha puesto de rodillas a mi lado pero se ha inclinado hacia delante como los devotos musulmanes al orar y no deja de sorprenderme por que es lo que esta haciendo.

Se ha recogido el cabello en tenso moño cruzado por alfileres de bronce y se ha limpiado la cara supongo con agua que llevara. Ha hecho lo que ha podido para presentar sus mejores galas para rezar.
Rezar por Kebren, por Pontos y por Myla. Por muchos otros que no conozco. Por Betriz. Por Betriz pone mas empeño, mas Fe.
No me hace falta entenderla para saber.

Betriz nos mira y hay una mezcla de sentidos encontrados en su rostro.
Esta asustada pero nuestra presencia la ha iluminado. Sin embargo entre ambas sensaciones se cruza una duda.
No sé que cara puedo estar mostrando, vendada,  golpeada y febril pero no creo que haya podido ocultar el conocimiento ni supiera como suavizarlo.
Estoy haciendo de maltrecha mensajera de una verdad dolorosa. Mis lagrimas están ahí antes de que me apercibe.
Veo el reconocimiento en sus ojos mas sinceros que las palabras. Se ve el golpe y la huella de como lo asume.
Noto su cercanía y su tacto.

Apenas sostenida en un hilo de fuerzas sin embargo me mantengo erguida sobre la espalda en un equilibrio imposible y mis brazos abarcan su cuerpo y ella el mio.

Ella tiembla y yo tiemblo, entrelazadas en el mutuo consuelo ante la mala noticia.

Myla esta en mi corazón y en mis pensamientos con Betriz. Sus ojos llenos de fe y su rostro bienaventurado antes de su ultimo suspiro. Esa paz de la que no me he dado cuenta en su momento. La seguridad del vaticinio y la seguridad de ir al lugar correcto.

Ella se desliza hasta sentarse delante de mi y me contempla recorriendo esas imágenes.

La duda puede surcar su rostro. Es la carga del incierto error, del peligro, y de la responsabilidad. Pero sobretodo aflora el agradecimiento.

- Gracias - me dice limpiándose la humedad de los ojos con la manga del su túnica de doncella. No añade mas por que le es imposible expresarse mejor con palabras.

Con cuidado de no chocar con el techo se pone en cuclillas Esta triste pero sigue decidida.
Mira el punto en el centro, que parece oscilar, siendo unas veces mas grande y otras mas pequeño y luego regresa a mi mirada relajada.
Sus manos cuelgan a los lados inquietas esta dispuesta a levantarse e ir.
- Voy a cumplir el trato - me confirma - Lo jure por la Estigia y... Díselo a Pontos. Que estoy orgullosa de ser su hija.
Son palabras que brotan a borbotones pero son claras.

Leí una vez que los Dioses hacen lo que quieren con su palabra y que nosotros, los mortales, al contrario si debemos cumplir con las promesas que les ofrecemos.
Realmente ellos hacen lo que le es propio alimentados por el destino que traza la fe en nuestros corazones sobre la esencia inmortal y mas antigua, mas único.
Ellos pueden parecer volubles pero no lo son. Es su sino. Es su ser.
Nosotros... Podemos deselegir una vez elegido pero esa es una acción primordial que nos aleja de lo que somos y nos encamina hacia la destrucción.

Seguramente puedes contar con poder robar la baraja y cambiar el juego como pretenden los Malditos mientras le das la espalda a la única divinidad real, verdadera, No Creada.
Lo cierto es que solo parece un buen plan si se tiene suficiente miedo.

Betriz sabe lo que es ese miedo pero no lo hace suficiente para olvidar su promesa de hacer lo correcto. Una perfección inscrita en la verdad de lo que cree y cree verdaderamente.
Me pregunto por un instante por que quería que viniera por que en mi alma es como si mi misión elegida estuviera incompleta.

Debo traslucirlo de una manera horrible por que la muchacha pregunta a las otras dos mujeres.

- ¿Podéis ayudarla? No parece encontrase bien. Necesita cuidados.
- Nadie que no este Consagrado tiene que temer de este lugar - es la respuesta de Tetis y me duelen sus palabras como si resonaran dentro de mi cráneo y sin embargo son tiernas y amables con Betriz - De aquí solo se echa al Falsario, aquí se castiga al Asesino. Aquí se destruye a la Abominación.

Ella traga saliva sopesando lo que oye y lo que va a decir y en su inocencia insiste.

- No quiero dejarla sola en este estado. Yo la invite a estar aquí. Me siento responsable de lo que las penurias que esta pasando - abandona su actitud decidida y pierde todo su porte por el de una niña que se preocupa. - Ni siquiera se por que lo hice. Parecía lo correcto.

Me coge la mano cálida y de gesto sencillo y soy consciente de mi sucio poder.
Recojo todo lo que me queda para poder mantenerme calma y serena y la pregunta interrogante de ella le contesto con una sonrisa de agradecimiento y un suave movimiento de negación.
Ve lo que digo con los ojos y una suave oscilación de la cabeza. Ve.

Ambas parpadeamos y ella me suelta la mano despacio.

Betriz mira a Metis que se ha erguido desde su contemplación. Sé que ha sido bastante antes y que ha estado muy atenta a toda la transición.
- Ve, Betriz. Su bienestar no es tu labor, sino la mía y bueno...de ella misma - no me mira pero es como si me estuviera taladrando con la mirada - Lo siento, cariño, pero se ha acabado el tiempo que teníamos.
Debes partir.

Se levanta hasta su altura y le da un beso en la mejilla. Triste.

Betriz asiente como si también sintiera que es el momento y que no hay otro.
De la guarda de Tetis se aproxima a la sima.
Inconscientemente se atusa el flequillo.
- No cambia nada - la oigo declamar y lo siento como si fuera su mantra.

Entonces soy consciente del que rumor regresa en mi interior escoltado por su gemelo sobre el Árbol, su disgusto.

Es un esqueje escondido cubierto por una sordina profusamente antigua pero que hoy, en este lugar, se le ha desprendido una capa y al descubierto me inunda con un zumbante malestar.
Viene a mi muy despacio, deslizándose por caminos tallados a la espalda de mi percepción, mi entendimiento o mis sentimientos, con todas sus explicaciones o al menos primero con las mas obvias.
La primera es que ya ha tocado el Árbol y con el a todos lo que Él toca por acto o por juramento.

Es una impresión en sangre, vertida por los peones furiosos u obtusos.

La segunda soy yo, como una pieza maquinada sobre el tablero una noche de noviembre con el cuchillo en el cuello de mi mejor amiga para alimentarme con el don de hacer que sea nefasto cualquier movimiento, tanto la huida como el consentimiento.
Él es tan taimado como para esperar en los dos extremos. En la mancha derramada en este sagrario o en la ausencia de coronación de su fraternal Esposa.

- No cambia nada - repite Betriz.

Quiero gritar para que se detenga pero el parapeto del dolor se derrumba y creo que le ayudan y antes de que pueda siquiera gemir todo me da vueltas y se funde en negro.

Océano (XII): Vestido de Sangre nos Cubre

El templo frente al que se ha producido la confrontación resulta ser el de Rea.

Auristrata ha decidido con celeridad en los breves segundos que han precedido a la muerte de Myla y ha ladrado ordenes precisas a todos con una determinación que aleja decisiones insensatas.
Líceo, cojeando, aparta hacia el edificio a Pontos con ayuda de Kebren y a mi se me encomienda servir de apoyo a Metis que ha destrozado sus cadenas.

La mujer ciega se queda fuera contemplando los despojos de Túcides y el cadáver de Myla.

No podemos evitar mirar atrás mientras ascendemos por la escalinata de basalto.

En mi no puedo desentrañar el sentimiento. Es un maremágnum variado.
En Metis hay una inconfundible expresión de fracaso afilada con las sombras que se proyectan en cuanto entramos en el templo.

- Déjame aquí - me exige cuando atravesamos un rincón oscuro proyectado por inmenso catafalco de madera que preside la estela figurativa de la Diosa.

Ambas nos quedamos mirándola, poderosa sobre los sitiales de piedra cortada con esmero que soportan la pared vertical semejante a un ovalo que mantiene el prominente mosaico vertical de su Efigie.

Es hermoso aun que se lo vea triste en la mirada. Quizás es solo la distorsión en mis ojos. Lagrimas sin humedad.

No ayuda a la paz, el eco de las discusiones de Pontos y otras voces, desde las raíces de la construcción.
Es como si los gritos sean la respuesta que ahora busca y necesita este lugar.

Agitada, me dejo deslizar la espalda por una labrada columna no muy cerca de Metis pero no muy lejos pero al final gateo hasta ella y le desenredo el desastre de los clavos arrancados y los hilos de sus cadenas.
Un olor saturado de sangre se arrastra hasta nosotros lentamente mas allá del que brota de mis propias manos y de las llagas de Metis.

Entonces distingo, aquel temblor como un canto que ha acudido a mi fugazmente pero que ahora es alto y claro en su monotonía sin distracciones. Un gruñido primordial descrito a través de la tierra por el Árbol.
No es nuevo en sus ramas pero si esta cambiado el sesgo y ese cambio hiela la médula de mis huesos con nefasto sentir.

Metis me contempla concentrada por que me he detenido pero no dice ni palabra.

Líceo aparece con su alargado gesto de enfado y se pierde en las entrañas del templo con el visible deseo de que le den una razón para emplearse con sus armas.

Bajo el umbral de entrada, Auristrata se enmarca cambiando el patrón de la luz. En sus brazos sujeta un cuerpo amortajado que no podemos confundir.

Pontos llora y camina lentamente hasta la dos mujeres.

¿Como compartir la visión de un hombre roto?
Lo miro y desborda la copa de su dolor. Roza el paño sobre su cabeza y besa el hueco de sus labios y es cuando aparto la mirada avergonzada.
Cierro los ojos y me muerdo el labio y me esfuerzo en acudir a esta bagatela que es concentrarse en la maraña sobre Metis. Pero ella ya ha terminado y nuestras miradas se cruzan cuando retira el grillete del cuello.

La situación me supera. Flota en el aire que no se que decir. Pero mi pecho, mi  boca, mi cerebro se empeñan en ir al extremo opuesto y gracias a la Diosa eso duele y la agonía de la herida no me deja estropear su momento.

'¿Que me pasa?¿Por que este afán tan grosero'

Unas manos me sostienen y el susurro apagado de Metis, hilado con el dulzor de una lejana melancolía me habla despacio.

- No te muevas, Tiznada. Te vas a hacer mas mal que bien.

No hay mucho amor en su tono pero sus manos la contradicen mientras me sujetan la cabeza y revisan los vendajes.
Me deja reposar sobre su hombro mientras la tierna sordina de su aura se filtra.

- Había visto el Catafalco y la mudez del olor de las flores, y el timbre de los cantos - de repente se lamenta - como siempre en la lengua de los Dioses ni entendí a quien estaba destinado. Cuatro milenios me han enseñado el futuro y sigo en la bruma y la consternación - se aprieta contra mi como si fuera una conocida de toda la vida, igual que hizo Auristrata y le devuelvo el abrazo.

Nuestra pena esta con Pontos. Nuestra mirada se pierde en Myla.

- No he entendido nunca por que siempre habéis querido poseer lo que yo tengo - su voz es candente - por que querrías ver las inacabables variantes de esto - abarca la escena con su brazo - De Esto.

Apenas vislumbro la certidumbre de que haya contemplado antes a Pontos besar a su esposa atreves de la mortaja y la colocara en su ultima morada bajo la diosa, o si rememora a Kebren haciendo lo propio por ella o si es a la inversa o si ve lo que hubiera sido el destino de otras personas todas diferentes, todas inamoviblemente tropezando en el camino con este mudo sepulcro que mientras estaba aguardando.
Me había preguntado por como veía Metis el futuro pero no lo ve lo sufre.

En este lugar su espera termina cuando Pontos y Kebren depositan cariñosamente a Myla dentro del palisandro y la cubren con temblores y silencio.

La mirada solemne de Metis brilla con el fulgor de la locura de saber y no poder y sus ojos se empañan de lagrimas tan rotas como las de Pontos, por que quiere a su compañero y no ha podido librarle de esto.
Mi mano rodea la suya y sin guía trato de darle alguna fuerza de consuelo.

Sus compañeros tardan un rato en recuperarse. Kebren sujeta a Pontos por el hombro mientras él libera su dolor con palabras inaudibles. Con gestos quedos, delicados e íntimos.

Me doy cuenta que el haber elegido ayudar a Metis es una bendición. Si no le estuviera cogiendo la mano me habria dispuesto a acercarme a mi Amigo y seria como una cuña en su lamento.
Sin voz rezo. Pido a mi Señora por los dos esposos con el ruego de que no se pierdan el uno al otro por mucho que pese el tiempo.

En la penumbra al final Kebren convence a su camarada de que le acompañe y lentamente regresan a las interioridades del edificio.

Vuelven a sonar las voces pero mas centradas incluso cuando discuten. Es un parlamento pausado, disciplinado y al final solemne en el que la palabras nos llegan en esa lengua de cientos de frentes que te hacen entender cuando quieren. No llego a comprender mas que el contexto y el fondo de lucha que se desencadena y de promesas bajo el peso de la Estigia que incluso en la distancia Metis admite al aire con convicción entre el cansancio.

Un pacto para proteger y servir y mantener la lealtad con esta realidad y sus dioses y enfrentarse a la tergiversación. Las raíces de otro pacto mas anciano, pronunciado muchos milenios ya contra los Malditos, se reconocen en el énfasis y la determinación.

Por un momento suena lejanamente a guerra civil pero luego, veo la cara de Pontos y aprendo que sabe que si permitiera liberar esa furia, el infierno se desencadenaría. Por encima del dolor ha interpuesto los limites del honor que le centran en rescatar a Betriz, recuperar a Helia, recomponer lo dañado antes que destruir.

Como mi mirada le prometo que estoy con él que es lo único que puedo hacer.

Kebren se acerca hasta nosotras para contárnoslo en detalle.

- Quedas al cargo de nuestra invitada, Amor - el semblante serio de él no puede evitar el furtivo gesto de buscarse las manos - Tenemos que encontrar a Betriz. Tememos que los Pecadores la Vistan de Sangre - traga saliva - Después de lo que le han hecho a Helia... De lo que han hecho aquí...
- La han derramado. Nuestra Sangre. Han. Pecado. Todos. - el gesto de Metis es interrogante y malsano - ¿Hoz o Fuego, mi Amor?

Kebren se cubre la cara agotado por unos pensamientos lóbregos que no logra contener. Metis le sostiene la otra mano con firmeza como transmitiéndole una fuerza que le protegiera. Dame lo malo a mi, cariño. Dámelo como siempre.

- Hoz - le contesta él mirándola a los ojos.
- Bien - asiente ella con una comprensión mas allá de lo que aparenta - Bien.

Se pone de pie y le besa y es un beso desesperado casi de despedida. No se apreciar muy bien de quien de los dos.

- Ve, Amor, Estaremos bien. Ahora han despertado la ira de nuestra señora Rea. No tendrán opcion. Yo velo por nuestra invitada.

Veo a Kebren vacilar con una sutil ojeada en mi direccion de dubitación secreta. Sin embargo el lapso de indecisión se diluye con el ímpetu de la constatacion de otros deberes mas duros. Roza con mimo la mejilla de Metis y arranca de alli una lagrima que no he percibido antes.

El besa el dedo húmedo.

- Desearía que fuera dulce y no amarga - le entiendo decir a ella y se miran y sin otro beso se separan.

Kebren se dirige a los otros, dejan algunas armas variadas en la entrada y se van del templo dejándonos sumidas en un ominoso silencio. Largo Silencio.

Me doy cuenta que cuando el mundo enmudece mi cabeza busca desasosegada el llenar el hueco. Por que si no lo tapa el temblor de desamparo de las fuerzas en movimiento me drena.
No puedo hacerlo. Pensar en forma intensa nunca ha bastado. Para protegerme hablo y las Parcas han cortado el hilo que me imposibilita.

La emoción viene hacia mi interior en aras de palidez en el reflejo sobre el rostro aurealado de Myla y en su tono maliciento y muerto.
El nudo en el pecho que se ata poco a poco que lucha con el cuchillo sin filo que quiere cortarlo.
El universo se tambalea bajo los ojos de ladrillo de la Diosa y la opresión cae sobre mi desde todas partes pero solo se crea desde dentro.

Es la muerte.
Mi odio y mi miedo.
Hacia Ella.

La nausea entra y choca en mi boca con dolor espasmódico y me contorsiono hacia el suelo.

Pero Metis no me deja caer y que me golpee y me sujeta con inusitada fuerza por la cintura y sin compasión libera la vía del vomito con su mano libre.

La percepción del mundo se tiñe de rojo que se torna en un eléctrico violeta muy oscuro recubierto de un olor metálico.
Arrojo sangre y bilis y trapos por que hace una eternidad que no he comido nada. Noto mi lengua acartonada y flácida.

Junto a mi oído delicada como una caricia muy cruda la oigo a ella.

- Te entregas ¿Verdad? y tu amor te engulle.

Habla en un idioma antiguo, algo áspero y obtuso que misteriosamente comprendo claramente pues son palabras que ya he escuchado pronunciadas por mi boca pero con el sentido retorcido hasta que han llegado al otro extremo. Metis las carga de un sabor limpio y en mi son sucias.

- Ay, Gabrielle, mi querida Oveja negra - sus labios se sienten calientes y peligrosos junto a mi oreja.
- Gabrielle ¿Querrías, Tu, comprender sus misterios? - dice señalando a Myla muerta - Ella los conocía y ahora los ha descubierto. Tu, la querrías vencer cuando amarla es lo que se te esta pidiendo. Mírate, ni siquiera puedes engañarte dominando tu cuerpo. Tuviste tu respuesta muy clara desde los inicios pero te negaste a pronunciarla a través de tantos años y años.

Habla como una amiga querida pero aun así dolida e incapaz de perdonarme una transgresión aun vigente.
A pesar de mi gemido de dolor y terror me sujeta la mirada fija a le difunta yaciente.

- Solo quien desafía sus negros instintos, Solo Ese, pasa las crestas y las olas que brotan del abismo.

De repente suelta su presa y me libera para que me recomponga. Para mi sorpresa me acaricia el cabello.

- Has tenido hijos - afirma con el deje insinuado de vileza de ello. Parpadeo sin saber a que viene eso.
- Pensé en que eran parte de tu plan retorcido de escape. Lo has ejecutado primorosamente ya en tantas ocasiones... - mastica esta afirmación con desprecio.

- Pero luego haces cosas como estas...
Me roza la trasquilada mata de pelo con genuina fascinación.
- ¡Les cortas el pelo!.

Ya no me enfrenta desde atrás, sino honestamente cara a cara y no puedo encontrar ni un rastro de la locura que pueda explicar un monologo tan extraño.
Tiene la cordura acerada de la revelación y el conocimiento de quien fui, soy y seré con tantas variables y precisos detalles que puede moldearme o aplastarme y que ha escogido la opcion y no ahora de liberarme.
Ella sabe lo que estoy pensando.

- El azar Gabrielle, no forja el destino, solo la elección - su sonrisa es pía pero sus manos cogen hasta que se quedan blancas de la presión la madera del sepulcro perdiendo su mirada un largo instante en el rostro de Myla.

- Me he acostumbrado a odiar mi don - me confía y se que es a la primera persona a quien se lo dice en voz alta. Traga una pausa llena de visiones sin freno.

- No podría sobrevivir al tuyo. Y tu lo haces.

No debo poder disimular la perplejidad ante una franqueza la suya, tan incisiva.
Mi mano roza su mano en el misterio de nuestra cercanía y la sensacion familiar perdura pero ella no la deja asentarse.

- Tenemos que irnos, Tiznada - susurra muy bajo y muy firme - Lo sabes. Los caminos de los dioses son tortuosos y debemos enhebrar el siguiente.

Se aparta con suavidad y añade - Este lo eliges tu.

Soy consciente de la liberación de no poder hablar y perderme en mis palabras.
El rostro de Myla me evoca a Annette y la consternación de verla acechada y vulnerable a la esencia de un aspirante a dios viejo y taimado ansioso por regresar. Como Betriz.
También conjura la cara de Helia negra y supurante con la sangre de los que ha asesinado en un odio visceral que ciega el pozo de su humanidad y que es tan fácil de entender. Un Alma atrapada en el maquinar, maquinar y maquinar pero un alma consciente tristemente.

La conmoción de sus penurias no me libra de la inteligencia de saber que la acción a continuación ya esta marcada y las lagrimas de mi corazón surcan también mi cara por Pontos.

Metis me espera con estoica tristeza y con gesto adusto arranca el aire sobre mi pecho con la garra de su mano izquierda, estruja lo invisible y se lo traga.

Me quedo helada al oir mis propios pensamientos en conjunto con otra voz.

'No todos pueden ser salvados y Debemos salvarlos a todo'

Los ojos de Metis se estrechan como dos ranuras para abrirse como con un estallido.

- El Árbol - sentencia estirándose como si pudiera desdoblar las palabras.

Asiento muy lentamente conociendo que he hecho mi elección antes de comprenderla y que tengo que vivir lo que me queda con ello.
Una decisión que esta esperando que acepte a que la lleve a hacer realidad.

La parte en mi que rehuye la muerte me susurra como sestear y hacer el truco que me deje respirar un día mas al final. Hay una pequeña parte asustada y cobarde que quiere rasgarse y tirarse al suelo inmóvil, escondida  por siempre entre los pliegues de la locura y la compasión de los otros. Si ya no regreso una voz en mi interior pregunta que va a pasar con Asier y Annette y me plantea que dude. La parte mártir y vanidosa  quiere que me lance sin pensarlo y por experiencia se que me puedo confundir con lo que me diga.
Sin embargo, ahí profundo la veo. Hace una eternidad que no recordaba su rostro embargado del trazo de los oleos o de la patina sepia de las fotografías que no le hacen justicia. Pero hoy  aquí no es difuso y de recuerdos. Es carne y brillo en los ojos.
Sonríe con ellos y es esa sonrisa que nunca he contemplado la que aparta la tormenta de voces y pensamientos hasta que es constante uno solo, el mismo que ella tuvo.
Metis lo pronuncia construyéndolo de mi mirada.
- Betriz tiene que Vivir.

2/9/14

Oceano (XI): El Caos mas Hermoso y Estremecedor.

El huelgo de tregua resulta demasiado estrecho, apenas unos segundos para recomponernos.
Líceo y Tucides se aprestan con sus armas para la confrontación y Auristrata se coloca en guardia desenvainando.

Veo a Kebren sujetando a Pontos tratando de hacerlo reaccionar junto con Myla.
Metis con evidente esfuerzo los cubre empuñando lanza y escudo. No se que podre hacer con mi cuchillo mas de medio mareada pero lo desenvaino.

Me parece como si nos precipitáramos a tumba abierta y este suspiro de paz es la pausa que precede a la tormenta.

Auristrata nos grita y ese es todo el aviso que nos dan los hados.

El grupo opuesto se he replegado y esta huyendo poniendo distancia pero aun restan algunos rezagados.
Una figura solitaria se concentra curiosa en nuestra direccion.

Es un individuo algo mayor, de mediana edad al menos, pues viste canas en el cabello y barba, un tipo afilado de rasgos arrugados, e irrespetuoso en la mirada cínica y perversa que nos ofrece.
Sus labios se aprietan en una lineas fina de diversión sarcástica, como alimentada por un negro chiste.
Un chico ansioso le comenta algo aceleradamente al oído con visibles ganas de marcharse con el resto del grupo.
Como si respondiera a su palabras el hombre medio sonríe y sin ningún otro ademan claro articula un visible 'ven' en griego sin sonido que retumba en nuestros cuerpos.

Lo que conjura viene o quizas es.

Parte del sorprendido cuerpo de uno de los viandantes que se derrumba en papel y heces y de repente ocupa un buen extremo de la calle.

Lo que es, es dificil de describir.

Como seres de imaginación articulamos criaturas coloridas en nuestras narraciones, criaturas reales aun pertenecientes a los sueños, criaturas comúnmente complejas de cuerpo hecho con piedras de la vigilia y sostenida por le argamasa de lo imaginal. A veces se apegan mas al mundo que transitamos despiertos. A veces son casi todo quimera.

Sin embargo también hubo una Era apropiadamente sellada con el olvido donde ni vigilia ni imaginal fueron lo que son ahora. Una época de desorden y vorágine que albergaba seres como el que nos estremece en este mismo instante con Caos.

No tiene forma, si buscamos contornos de materia o pensamiento, solo la certeza en los pelos de la nuca y el rabillo de los ojos, de que ocupa un lugar cuando se desplaza alrededor, en nuestra direccion. Esta a nuestra izquierda y nuestras piernas instintivamente nos pretenden alejar lo mas posible de su presencia.

Reconoces una pulsación del aire, repentinamente aterrorizado, y golpea con un espasmo de huracán y aparición, que proyecta a Líceo a la distancia y cae sobre Túcides, con una dentellada sin remedio.

Una rafaga de fuego de ametralladora enmudecida lo irradia dejando a la vista en la carne sus colmillos. Un jirón de pasado, otro de futuro, así mas, decenas de inversiones de las posibilidades contenidas en el tiempo de una respiración.

El movimiento contorsionado de la criatura se alarga dejando un cadáver indescriptible de lo que fue, seria o pudo ser Túcides en lo que resta de disparatada unión a su carne muerta.

Su estela de aristas derrumba el tiempo restallando como una cuerda que busca su nueva posición de forma espasmódica y cae como un látigo hacia nosotros.
El empeñon que recibo de Auristrata es tan intenso como el que le da Myla a Pontos y Kebren.
A Myla la alcanza de lleno en la espalda mientras Auristrata y Metis tienen tiempo de golpearlo con sus armas.

El estertor de la criatura es brusco y apenas por un dedo no me acaricia el rostro.
Percibo el hedor asfixiante del tiempo putrefacto y descontrolado antes de que existiera una orden que lo acotase de su capricho ciego.
Ahogo un grito que se extiende por todo mi cuerpo hasta que la criatura se desvanece como si no pudiera hubiera existido.

Despierta en un parpadeo, contemplo la mano envejecida de Auristrata y escucho la orden apremiante que me espeta para que me dirija hacia delante, hacia Myla.

Voy hasta ella casi deslizándome a gatas tan rápido que la alcanzo antes de que Pontos y Kebren se levanten y me imiten.
Contemplo el fluir de su sangre y la palidez de su rostro y no soy consciente de la herida traspasada hacia mis manos cuando la toco para curarla.

Myla y yo quedamos separadas en un aparte atemporal. No realmente fuera del tiempo sino tan dentro de todo él que no hay una linea única que transcurre sino todas las incontables facetas de aquello que no fue posible pero que se abalanza sobre el espíritu envenenado de ella por que ahí y ahora pueden ser.
La mancha de la mordedura se empieza a perfilar y gana peso que nos aplasta por que es ávida y así puede sobrevivir.

Trato de curar una herida que no esta por que mi saber se basa en una fuente superficial que es el cuerpo, y el poder de mantener el alma, la esencia de la vida unida a la carne, lo desconozco.

Sin embargo el hechizo, a pesar de la dificultad, esta activado, sin otro soporte que el puro aliento de mi convicción enfrentada a la herida que hace que el sesgo implantado en Myla también sea mio.

Es una guerra de voluntades e instintos no planificada que empieza a cuenta gotas pero que imperceptiblemente se incrementa y se inflama en una corriente de fuerza mental y física que derrama desde mis sellados labios una espontanea e ingenua plegaria de las palabras mas simples.

- Por favor Señora, Por favor Señora, Por favor Señora.

Me alcanza el instante en el que lo consciente y su entramado colapsan incapaces de sostenerse llevándose abajo mi vista y el resto de los sentidos.

Soy Myla con sus latidos cosidos a los míos y me crujen los dientes de apretarlos con el esfuerzo de mantenerlos vivos, sonando, mientras se desgrana una mancha de vejez o la salida de un diente o la hemorragia de un parto tardío en una madre demasiado joven.

El enemigo ha excretado una singularidad de repleta variedad de vida, pero desarticulada en un desorden vampirico que se alimenta de todo lo que le da energía.

Es un veneno tan completo y simple que es una trampa a la que reacciono inconscientemente de la única forma que se me ocurre intercambiando esos momentos de su cuerpo al mio, para apagar sus hechos con los míos, viendo si conformando una carnaza mas suculenta para el caos, el tiempo pasa lo justo para que el toque se disipe.

Sin embargo no cuento que donde nosotras tenemos unos limites que nos conforman esa cosa parte de un lugar sin esas trabas.

Me veo en los ojos de Myla desvaneciendome por el sumidero del amor propio y el agotamiento a una velocidad abrumante.

Me doy cuenta cuando llevo un rato sin parar de gritar.

Me dicen que donde yo conmociono con mi aullido Myla se transmite por su silencio vacío de respuesta.

Eso permite a Kebren salvar a Pontos noquenadolo antes de que se hunda con nosotras tratando lo que no es posible.

Creo que es Auristrata la que se acerca lo suficiente para ver como Joseph con perfecta Claridad.
Es ella la que nos toca de la única forma en que es posible hacerlo en ese momento: con palabras.
Casi estoy segura que es Myla, mas lucida, la que responde a ello y me habla y me asalta la duda de que no es la única que me susurra al oído.
- No puedes hacerlo - oigo que me intentan hacer entrar en razón con ternura.
- Las cosas nos desbordan...
- Dejalo - resuena tajante.
- Prometiste... - me recuerdan implorantes.
- Océano no se contiene en un cuenco roto
- Querrías tu comprender el misterio - sopla un voz severa.
- Lánzate... Desatate...Vuelve a tu Raíz...Coge. Lo...Que... Deseas.
- Solo si desafías tus oscuros instintos pasas las crestas y las olas.

Veo el limite por que Myla febrilmente me lo señala y me doy cuenta por fin del peso del dolor en mi cabeza y mis huesos y que como al pozo negro de Albora donde seduje al Blanco Dios Gusano, el palpitante y retorcido hecho de mi ser queda al descubierto mas allá de la barrera de ese mundo que alumbra criaturas como la que nos han conjurado.

Estoy ahí libre de entrar a través del alma de Myla a la voluntad de mi deseo y lo siento descarnado, brillante con su firme luz y viejo como cada una de las cicatrices con las que ha intentado acallar mi espíritu.
Mi Animal sonriente en sus formas extrañas de Diosa Omnipotente.

Hay quien reconoce los momentos en los que ir o en los que estar.

Yo me miro a los ojos, acechantes, mas alla de Myla y mas allá de la humanidad.

Veo a Myla que se muere y veo su esperanza en los ojos y no se donde la ve por que lo que yo veo en el reflejo es el Monstruo del Caos mas Hermoso y Estremecedor y Que veneraran todos.
Pero ella me reconoce en otra forma en este ultimo aliento.

Y es ella la que es poderosa y la que es hermosa y es digna y me quiere sin conocerme siquiera por que esta convencida de mi y me tiene fe.

Estoy casi tocando la faz del Caos sin Medida pero lo niego y alargo mi mano hacia ella.

- ¡¡Ven!!. ¡¡Liberate!!. ¡¡Regresa.!! ¡¡Se tu verdadera Dueña!! - un terremoto de sonido me interpela - ¡¡Reclamate y la podras Curar!!
- Unicamente el Abismo llama al Abismo - oigo a Myla.

No me enzarzo con el monstruo ni le doy la espalda por que se que seguirá ahí. Unicamente no lo miro y miro los espejos del alma de Myla con el brillo menguante en sus iris de limpio mar de verano.

Mi mano acaricia su cara. Mi brazo la envuelve. La acuno en mi regazo y es tan ligera como una mariposa.
Ya no me esfuerzo en reparar su herida, que ninguno de los presentes puede remediar, sino engañándose.
Myla, flácida en su espíritu como en su carne, también alarga su mano buscandome. Se la tomo cuando con dificultad roza mi cara.

Por segunda vez en menos de un día siento el peso de otra voluntad a través de mi esencia y no lo bloqueo aunque el dolor sea atroz y se disperse por mi redoblando cada gramo de su fuerza.

Me sostengo en su mano y esta vez el paso lo siento mas amable y mas tierno y amoroso, muy suave.
Myla toma la mano que me atraviesa convencida, con la verdad en su rostro, deja de mirarme a mi para mirar mas allá pero su labios me hablan a mi.

- Me prometiste... Me prometiste proteger a mi niña y Sé que lo cumplirás. Y Pontos...le...le...A...m...o.

Entonces su aliento no regresa y sus ojos grandes, claros y serios descansan en un rostro sereno.

Se cortan los hilos de mi visión y mi hechizo y su mente y su espíritu vuelan libres mas allá de mi a un lugar que no alcanzo a conocer.

Al recordar como ver, oír, y sentir me encuentro llorando silenciosamente sobre su pecho con las manos ensangrentadas hasta los codos y los brazos de Auristrata arrastrándome unos centímetros del cuerpo inmóvil donde mil astillas de tiempo confundido se precipitan a su extinción engulléndose las unas a las otras.

La mujer me abraza y me acuna contra su pecho y oigo sus palabras junto a mi oído.

- Cabezota, vaya si que eres realmente cabezota... pero... por la Madre de Todos - me abraza como si fuera una hermana impresionada pero jubilosa de poder dar el abrazo, su boca se aleja de mis oídos pero aun a la espalda la escucho murmurar - Me alegro, me alegro tanto de haber confiado en el juicio de Metis.
Me envuelve. Con un silencio reparador que le agradezco. Elocuente Silencio.